En la era digital todos podemos ser autores, en tanto que ser autor está unido a la capacidad de crear, pero también a tener la capacidad de manipular, difundir y compartir con una mayor facilidad. Los autores en internet se han multiplicado, de la misma manera que lo han hecho la variedad de interlocutores.  El aumento de las interacciones ha hecho posible que quienes solo se limitaban a leer, ahora también se lancen a crear. Esa transformación ha cambiado literalmente nuestra sociedad y ha generado cierto temor y escepticismo sobre la autenticidad, el valor y la fiabilidad de las creaciones que circulan en la red.  Por su parte,  con el nacimiento de internet,  el autor se enfrenta al miedo de no ver los frutos de su esfuerzo, ante el fantasma que supone la reproducción de sus obras sin su consentimiento, en un medio donde además han surgido nuevas y potentes herramientas para compartir información.

Sin embargo, creo que a diferencia de otras épocas, en que únicamente nobles, políticos,  letrados y eclesiásticos  tenían el poder y la exclusividad de los medios de producción, censura y difusión,  la autoría se ha democratizado con Internet y ofrece muchas más posibilidades a quienes han sabido adaptarse a los nuevos tiempos.  Por una vez los medios de producción no están ligados exclusivamente al poder, eso hace de internet una herramienta poderosa y muy temida por quienes estaban más acostumbrados a poder controlar los contenidos de los autores.

Vivimos más que nunca en la era del “autor responsable”,  es decir, aquel que es capaz de entender que “la cultura libre” no significa cultura gratis,  sino un mayor control sobre el grado de difusión de la misma, eligiendo las licencias más adecuadas para proteger su obra, pero a su vez haciéndola más accesible.  Un error frecuente es confundir al autor con la industria del sector que le rodea.  En tanto que autor o creador digital, el ser humano no ha cambiado tanto.  Aunque si su manera de compartir sus obras.

Quizás, de la misma manera, tendríamos que asistir al nacimiento del “ciudadano responsable”,  aquel que consume cultura pero de manera responsable. Entendiendo que todo propietario o creador tiene derecho a que su obra sea reconocida, respetada y valorada en su justa medida. Todo esfuerzo para la creación debería tener su recompensa, al fin y al cabo las ideas alimentan el espíritu y nos convierten a su vez en potenciales creadores.

Bibliografía bloggera interesante relacionada con este tema:

http://www.derechosdigitales.org/5942/hacia-donde-va-el-derecho-de-autor-en-el-mundo/

http://adepi.net/2013/06/14/redefiniendo-cultura-libre/

http://whois–x.net/que-es/cultura-libre

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La revolución cultural en la red ha acuñado su propio vocabulario y nos habla ante todo de creatividad compartida. El espacio digital ha conformado un escenario nuevo para el debate y la creación. De esta manera, los activistas culturales en la red hablan de inteligencias colectivas,  co-creación,  Cultura Libre, pro-común… son términos que han ido ganando terreno estos años,  gracias a la toma de conciencia del gran potencial que tiene internet. El producto cultural en si mismo se ha ido transformando, en tanto que ya no se da una separación tan clara entre creadores y público,  sino que el propio público se ha convertido a su vez en parte activa de la creación cultural, enriqueciéndola. La participación del público ha hecho posible que la propia obra quede modificada, entablando nuevos códigos de comunicación, nuevas maneras de repensar y legitimar la autoría. Es el caso por ejemplo del llamado “teatro jugable” del colectivo Yoctobit, que plantea proyectos escénicos vinculados a procesos de juego y videojuegos. Se establece así una puesta en común de la producción teatral jugable con el público, generando un diálogo, que influye en el resultado final de la obra.

Hoy en día, existen multitud de proyectos que utilizan la red no solo como soporte para generar ideas y crecer, también como plataforma donde convergen diferentes géneros y modalidades de financiación que hacen posible que la cultura en si misma adopte nuevos formatos. Éstos permiten que ideas innovadoras salgan adelante, rompiendo con la barrera más importante, la económica.

Con el fin de reflejar esa capacidad camaleónica de supervivencia de los gestores culturales 2.0, la organización Trànsit projectes ha públicado un catálogo de buenas prácticas culturales, titulado “Música para camaleones”, capaz de reflejar la  variedad y complejidad de los proyectos culturales más alternativos e innovadores en el panorama nacional. El llamado “Black álbum de la sostenibilidad cultural”, tal y como ellos mismos lo definen, es fruto de la recopilación y la investigación, mostrando la existencia de nuevas metodologías de trabajo, el uso de nuevos espacios, formatos y soportes. A parte de reflexionar sobre el redescubrimiento del procomún gracias a la irrupción de internet en nuestras vidas, esta obra permite tener una visión detallada de multitud de proyectos, que hacen de la cooperación y la creatividad valores indispensables en nuestra sociedad. Las tecnologías suelen aparecer como un elemento clave en la democratización de la cultura y un elemento que ha facilitado el acercamiento entre distintos agentes de la sociedad, acercando las organizaciones artísticas y creativas a empresas e instituciones. La obra está disponible para descargarla gratuitamente online en el siguiente link: http://issuu.com/transitprojectes/docs/9-mpc_bookcompleto_baja

Internet ha supuesto una auténtica revolución en todos los sectores, pero sobre todo ha marcado un antes y un después en la gestión del conocimiento. La manera que tenemos de comunicarnos ha cambiado, también la manera de compartir información y aprender. También ha empezado a cambiar nuestra manera de pensar y gestionar nuestro tiempo. Las nuevas formas de comunicación y educación nos han abierto un mundo de posibilidades, a la hora de idear proyectos culturales que tengan un impacto aún mayor a través del uso de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, quizás una de las labores fundamentales aún por hacer, para poder hablar de un acceso más libre e igualitario sería la necesidad de potenciar la educación digital en las aulas, tanto en lo referente al acceso como a la búsqueda de información. Los E-books, las tabletas digitales, así como las nuevas formas para generar y compartir conocimiento han convertido a los ciudadanos en potenciales receptores y generadores de información aún por educar.  Pese a los grandes avances en los últimos años, todavía hay un cierto analfabetismo en lo referente al uso más adecuado para sacar el mayor partido a la información masiva que circula en la red .

También sabemos que el avance de esta cultura digital necesita de un respaldo económico importante y excluye a sectores muy amplios de la población en el mundo. La red y sus herramientas siguen siendo patrimonio exclusivo de los más privilegiados. El foro de gobernanza de Internet de la ONU llegó a decir recientemente que el desarrollo de las nuevas tecnologías continúa siendo un factor creciente de desigualdad entre los países ricos y pobres. La cultura es un bien que por lo tanto sigue restringido y que necesita más que nunca del apoyo de las políticas públicas para poder llegar a todos los rincones del planeta. Las tecnologías nos hablan de un mundo que sigue perteneciendo a aquellos que cuentan la historia, a aquellos que generan contenidos y formatos comprensibles para un público muy determinado.

Protesta social y redes sociales

Sin embargo, es innegable al mismo tiempo que en estos últimos años los movimientos relacionados con la protesta social han usado las redes sociales como un elemento clave de convocatoria en diversos países de todo el mundo. Los activistas de todo el mundo han convertido los blogs, facebook, twitter y youtube en herramientas fundamentales para propiciar aires de cambio en la manera de concebir lo que significa la democracia y la participación ciudadana. Desde la primavera árabe, hasta el 15M, pasando por  movimientos como Occupy Wall street…  se ha hecho patente que algo está cambiando y que la red se perfila como un elemento fundamental del cambio de un mundo nuevo que está por construir. Un mundo que nos habla de la sed de una soberanía más vínculada a las necesidades reales de la población. Por el momento, siempre y cuando haya una puerta de acceso a la red, es posible usar estas herramientas de una manera gratuita. Algo está cambiando, puesto que las versiones oficiales están perdiendo fuerza ante la multiplicidad de puntos de vista existentes, a través de los nuevos canales de opinión y los nuevos medios alternativos de comunicación. Lo cierto es que una auténtica revolución cultural se está gestando en la red.